Un noruego de la vieja escuela – Noticias de España


La irrupción de jóvenes con un enorme talento y un físico pulido hasta el músculo más oculto, como Carlos Alcaraz o el italiano Janick Sinner, ha supuesto un soplo de aire fresco para un deporte que podría languidecer en un futuro próximo por el declive de Roger. Federer, Novak Djokovic y Rafa Nadal, siguen muy vigentes en el caso, sobre todo del serbio y del balear, que perfectamente podrían haber dejado Nueva York como número uno del mundo.

El manacorí se ha visto frenado en seco primero por el estadounidense Frances Tiafoe y luego por los colosales protagonistas de la finalista de este domingo en Flushing Meadows. Alcaraz, muy desgastado tras batallas en cuartos y semifinales contra la historia, jugará su primer grande ante un enemigo que responde más a los estereotipos del tenis clásico que al moderno.

Casper Ruud (1,83 de estatura y 73 kilos de peso) es un nórdico de la vieja escuela, de perfil clásico, alejado del ruido mediático, de los grandes titulares, de ese sinfín de vídeos e imágenes que inundan las redes sociales para el consumo masivo. de los más jóvenes. Un tipo eficiente, aparentemente tranquilo, que se ha abierto camino casi a contracorriente en este vertiginoso tenis.

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Noruego, 23 años, el último escollo de Alcaraz a la gloria lleva el mundo de la raqueta en las venas. Es hijo de Christian Ruud, un tenista sobrio pero más limitado que llegó a ser el número 39 del mundo en la década de los 90 y ahora lo entrena. Derrotado en tres sets por Rafa Nadal en la última final de Roland Garros, Casper es casi otro debutante como Alcaraz que podría ser el número uno del circuito con solo un Grand Slam en su poder. Hasta la fecha, es ganador de nueve títulos ATP, ninguno de un récord superior a un ATP 500, la tercera categoría en premios, y ocho de ellos en tierra batida.

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Su crecimiento este año ha sido exponencial, con aquella final de París y la derrota precisamente ante Alcaraz en la cumbre del Masters 1.000 de Miami como los logros más meritorios. Además, ganó en Buenos Aires, Ginebra y Gstaad, siempre sobre tierra batida. Suma 44 victorias este año, las mismas que el británico Cameron Norrie y sólo superado por las 50 de Alcaraz y el griego Stefanos Tsitsipas. Sin embargo, hasta este año, su mejor resultado de Grand Slam fue la cuarta ronda del Abierto de Australia de 2019. En el otro precedente con el murciano, el Vikingo también cayó en Marbella.

Criado en el calor de Baleares en la academia Rafa Nadal de Manacor, al pragmático Ruud le gusta España y sus tradiciones, pero reivindica la milenaria tradición del tenis. Está a un paso de aparecer en los libros como el cuarto tenista nórdico en llegar a lo más alto, tras ese trío de insuperables suecos formado por Björn Borg, Mats Wilander y Stefan Edberg. Grandes palabras.

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A estas alturas, Ruud tiene muy presente aquella final contra Nadal en París. Una lección de tenis, de humildad y de vida. “A Rafa le di una buena paliza”, recuerda con sinceridad. “Pero ahora sé a lo que me enfrento y estoy más preparado porque sé cómo jugar cinco sets. Esa experiencia me ayudó a aprender. Tengo mucha confianza y he mejorado mucho mi rendimiento en canchas duras. Me he ganado el respeto de los demás”, añade Ruud.La batalla por alcanzar el cielo de Nueva York y la cima mundial está servida.

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